sábado, 19 de junio de 2010

Conversación Persuasiva Parte 6: Estructuras mentales de la conversación


Resulta bastante paradójico que las personas tengan tanto miedo al iniciar una conversación, que sea una conducta que despierte tanta ansiedad y tanto nerviosismo. Iniciar una charla con alguien no debería suscitar tantas emociones, es algo simple, es algo para lo cual los seres humanos estamos diseñados, es el simple acto de conectar con otros, eso es todo, las conversaciones son el simple acto de iniciar una conexión. Lamentablemente tenemos que lidiar con varias cosas:

1. Creencias: Empezamos una charla con ciertas ideas en mente. Algunas nos resultan más eficaces, como creer que podremos tener una interacción interesante, que podremos despertar curiosidad, que será una conversación apasionante. Otras resultan paralizantes o inútiles: creer que seremos rechazados, que la otra persona creerá que no valemos nada, etc.

2. Prejuicios: Los prejuicios son ideas poco informadas que nos hacemos sobre las personas o los contextos, son opiniones y tienen su explicación en defectos de nuestro proceso de razonamiento. Algunos de los que nos generan incapacidad son: creer que porque una mujer es atractiva no podremos hablar con ella, pensar que en ciertas circunstancias resulta inapropiado buscar una conversación (increíblemente muchas personas aún siguen pensando que los únicos lugares para seducir son los bares y las discotecas), que una mujer tiene novio y que eso implica que seremos rechazados al intentar hablar (acá jugamos en términos de probabilidades, puede que sí como puede que no y vale la pena intentarlo.)

3. Expectativas: Las expectativas son el resultado de nuestras emociones que anticipadas esperan ciertos resultados. Muchas veces encuentro que los aprendices de seductores no tienen claros dos conceptos:

*El valor de la práctica: Algunas interacciones no tienen por qué producir resultados por sí mismas. Me explico: muchos esperan que el resultado natural de una conversación sea un correo electrónico, un teléfono, una cita, sexo, etc. Muchas conversaciones son netamente ocasionales, se dan en un momento, bajo una circunstancia muy especial o por ciertas razones no conducen a nada. Muchos desprecian el conversar simplemente por el placer de hacerlo, de practicar y de conectar tan sólo por un momento. Nuestro pensamiento se enfoca con demasiada ansiedad hacia los resultados y no valoramos el proceso de crecimiento y de conocimiento acumulativo. En el arte de la conversación tus primeras interacciones no serán tan buenas ni tan precisas como las posteriores, el hábito de conversar es un arte que empieza a cultivarse cuando buscas cualquier pretexto y situación para conversar. Puedes conversar con una camarera, con alguien que compartes silla en el autobús, con alguien que hace fila contigo en el banco, el taxista, etc. En estos casos el resultado poco importa, lo que realmente es valioso es la experiencia que tienes y cómo paulatinamente empiezas un hábito de conversar.

Cuando tienes el hábito de conversar con cualquiera simplemente hablar con una mujer resulta encajar fácilmente dentro de ese hábito. Empiezas a eliminar la ansiedad y la anticipación que representa el conversar. Un ejercicio que les propongo a mis clientes es que hablen con mujeres hermosas, no buscando resultados sino simplemente por hablar y por acostumbrarse a acercarse a este tipo de mujeres. Si tienes en tu mente el resultado deseado puedes estar obsesionado por el resultado en sí y no fijarte en el proceso para llegar al resultado. Algunos resultan ser muy directos, o mostrarse demasiado afanados por “cerrar” con teléfono o con una cita. Eso conduce a que el proceso se vea estropeado y si el proceso se daña no se tendrá el resultado.

*El valor de la paciencia: Muchos me dicen “es que ya he esperado demasiado, he estado mucho tiempo sólo”, pues bien, yo he aprendido en mi vida personal y en la de mis clientes el valor de esperar. Lejos de las posturas engañosas de algunas escuelas de seducción que sólo buscan el dinero de las personas, la seducción es un arte que se juega en el saber esperar. Algunas interacciones no producen su fruto sino semanas o meses después. Lo único que yo busco en mis clientes es que su oportunidad de interactuar, de conversar, de conectar sea efectiva sin importar el resultado visible (teléfono, cita, contacto, etc) y que simplemente lo hagan por el placer de hacerlo, entre todas estas conexiones una o varias resultarán, en el largo plazo en citas y luego en posibles relaciones. La metáfora que se me ocurre es la de pensar en un sembrador que va sembrando sus semillas, algunas no germinarán porque no son terreno fértil, pero algunas si lo harán y darán fruto. La seducción es un trabajo, es un oficio, que hay que hacerlo. La impaciencia sólo conduce a que te equivoques, tomes decisiones equivocadas o presiones demasiado y muestres necesidad.

4. Atribuciones: Las atribuciones son explicaciones del tipo causa-efecto que hacemos de los fenómenos. Un ejemplo en una esfera diferente se puede ilustrar en la diferencia en que una inundación sea atribuida al invierno y a un terreno susceptible de deslizamientos, y otra es atribuir esa misma inundación a un castigo divino por los pecados. Como ves, la misma consecuencia tiene dos causas diferentes dependiendo del punto de vista. En el campo de la seducción: el mayor error reposa en pensar que una actitud distante al entablar una conversación implica un rechazo manifiesto, o que hemos perdido valor delante de la otra persona, o que no desea hablar con nosotros. Puede que sea cierta esta atribución, pero también puede que sea cierto que hemos iniciado la conversación en un mal momento, que esta persona esté ocupada o que simplemente no desee hablar con nadie en ese instante, porque está pensando en algo realmente prioritario. Esto lo he visto en dos contextos:

*Cuando no es probable que vuelvas a ver a esa persona: muchos atribuyen a esa actitud un rechazo y un notorio fracaso en su interacción. Como nunca tendrán la oportunidad de comprobar cuál atribución es correcta se quedan con la peor (el rechazo sin más). En este punto es necesario presumir buena fe, por dos razones: primero, así sea falso resulta ser algo que la psicología conoce como una “creencia que defiende la identidad” y aunque probablemente falsa (que no seguramente) es útil para tu proceso. Segundo, esto permite que no reacciones con el resentimiento característico de muchos de los aprendices, que para en siguientes aproximaciones (incluso el mismo día) no pierdas tu energía y un episodio no termine dañándote el resto del día. Esa es una victoria que no te puedes permitir conceder.

*Cuando volverás a ver a esta persona: Quizá es una persona de tu trabajo, de tu universidad, del barrio. La actitud abierta y una atribución positiva permitirán que te vuelvas a acercar y puedas comprobar qué es lo que sucede realmente. Quizá una segunda o tercera aproximación resulte en saber que esta persona en verdad estaba ocupada o que realmente no quiere saber de ti. Y acá entra a jugar una atribución compleja:

Por el hecho de que una mujer no desee hablar contigo no significa que la causa esté en que eres inadecuado o que has fallado, la causa reside en el estado interior de la mujer. Escribe esto por favor en fuego en el sistema de creencias que tienes.

Ante todo tienes que preservar tu estima y tu nivel de juego.

Ahora bien, tienes que prestar atención a no caer en un extremo: no puedes excusarte de todas las fallas, eso conduce a la mediocridad. Tienes que adecuar tu sistema de atribuciones para saber cuándo tu técnica y estrategia han fallado y necesitas mejorar, trabajar y optimizar tu rendimiento, y cuándo es simplemente cuestión de las circunstancias. Recuerda que este trabajo consiste en volverse cada día más exigente contigo mismo. Y acá va otro principio:

Las excusas poco valen, es necesario mantener un equilibrio entre ser crítico y exigente con uno mismo y preservar la estima. Muchos caen en el extremo de ser demasiado críticos consigo mismo y lo único que obtienen es lesionar su autoestima y estropear todo su desempeño, porque desarrollan algo que se denomina “temor al desempeño”, es decir, tienen un temor desmedido a no hacer las cosas bien por lo cual optan por no hacer nada.

La conversación es algo que es necesario entrenar. En próximos escritos trabajaré sobre algunas técnicas y conversación, y también escribiré sobre algo fundamental y que ha quedado como insinuado: los estilos de energía personal y cómo existe naturalmente personas que son extrovertidos y otros introvertidos.

Que comience la cacería!

Hasta la próxima!

jueves, 10 de junio de 2010

Conversación Persuasiva Parte 5: 2 herramientas para iniciar conversaciones


La conversación en la seducción es el fundamento, el eje de la interacción. Es imposible construir confianza, confort y conectar con las emociones sin habilidades de conversación. Hoy continuaré hablando de algunas estrategias que te permitirán desarrollar estrategias de aproximación a lo que significa estar en una conversación. Frecuentemente no sabemos de qué se trata conversar, no sabemos cuándo hablar y cuándo escuchar. Es algo que en muchos casos necesita un ojo atento, que aprenda al ver a otros, qué conozca la dinámica de una interacción social, pues bien, estoy seguro que esta serie de escritos será de ayuda.

Vamos a empezar hablando del principio 90/10. La razón por la cual la mayoría de conversaciones se atascan, especialmente las nuevas conversaciones, desde el mismo inicio es porque no se entiende el concepto de “proporciones” en una conversación. Es necesario tener en cuenta lo siguiente:

Cuando empiezas a conversar con alguien nuevo, especialmente alguien que no conoces todavía, van a ser tan fríos en sus cabezas como tú eras antes de iniciar la conversación.

En otras palabras, no sienten mayor motivación para hablar contigo, la razón fundamental son los nervios que implica la interacción con un desconocido, es algo natural. Cuando comienzas una conversación, ellos sienten algo parecido a: “Bien, yo tampoco sé qué decir tampoco. Me siento un poco incómoda(o).”

No es que se sientan incómodos precisamente, es sólo que su neurología no se ha “prendido” todavía. Es como un atleta que dice en la línea de partida “bien, hay que correr” cuando aún no ha tenido oportunidad de hacer ejercicios de calentamiento.

El principal reto que tienes es el de darle a tu interlocutor(a) la oportunidad de “prender motores” y arrancar.

¿Cómo se hace esto?

Mantente hablando: La regla es así de simple. Habla por ambos. De vez en cuando puedes mandar una pregunta aquí y otra por allá. No olvides las preguntas retóricas, que son preguntas que se hacen sin esperar respuesta. Por lo general es parte de un discurso con el propósito de hacer pensar al oyente. Suele expresarse como una afirmación expresada con forma de pregunta que se formula de modo que el (la) interlocutor(a) entienda el sentido de esa afirmación implícita. Por ejemplo, preguntar cosas como ¿no cierto?, ¿verdad?, ¿Sí o no?, ¿Por qué habrá personas tan desconsideras?

Luego hablaré de preguntas por sí misma. Pero en este momento lo que necesitas es involucrarte tanto en la conversación que las personas no se sientan amenazas por ti o por el mismo contexto de la conversación. No esperes que una primera conversación lleve a que tu interlocutor te hable de cosas demasiado trascendentales, profundas o personales, lo más probable es que no lo hará, porque aún su “motor verbal” está frío.

Mantenerse hablando de una forma animada, si proyectas una buena energía puedes ayudar a que los “motores” se encienda. Tienes que ponerle vida a lo que hablas, entusiasmo a través de tu voz y a través de los temas que tratas. Recuerda nuevamente: tienes que ayudar a la neurología de tu interlocutor(a) a que empiece la interacción. Una vez logras romper el hielo ya dejas de hablar y la otra persona empieza por sí misma a involucrarse con tus temas.

Recuerda, el principio 90/10 consiste en que tú inicias la conversación, tomas la responsabilidad y el control de ella la mayor parte del tiempo, el proporción 90 tú y 10 la otra persona. Conforme a avanza la conversación y el hielo se rompe la persona empezará a abrirse, a dejar los nervios y la ansiedad y te empezará a participar. En este punto tu comienzas a soltar el control y a bajar la proporción: 80/20, 70/30, 60/40.

No pienses que pasarás por un hablador, sólo piensa que tienes que ser un apoyo y dar una mano a la timidez/desconfianza de tu interlocutor. Ten en mente la siguiente creencia: estás haciendo algo genial por los dos, le ayudas a adaptarse y preparar su mente para la charla (lo cual demandará un tiempo) y te das la oportunidad de propiciar temas y controlar la situación.

El segundo es el principio de los sistemas de reconocimiento. Tienes que reconocer las señales que las personas te están enviando para saber si estás despertando la intensidad emocional necesaria, la energía correcta, y si los temas que tratas son interesantes, despiertan curiosidad y estimulan a tu oyente.

Es necesario utilizar los sentidos. Tus ojos y oídos serán tus mejores amigos, es necesario observar las reacciones y aprender a leerlas. La clave está en prestar atención, poder descentrarte de ti mismo y fijarte en el otro. Los peores conversadores son aquellos que no pueden dejar de pensar en ellos mismos mientras hablan con otra persona. Simplemente fíjate en la otra persona, desconéctate de tu propio ruido mental que te dice “¿será que lo estoy haciendo bien?, ¿será que voy por buen camino?”o peor aún esos mensajes fatalistas de tu propia mente que te dicen “mmm… se está aburriendo, soy pésimo en esto, qué aburrido estoy.” Concéntrate en sus palabras y en ver las reacciones emocionales del otro.

La cosa es simple, debes notar emoción, interés y curiosidad en el otro. Esas son las cosas que tienes que buscar, al buscarlas inevitablemente estarás poniéndole atención, al hacerlo estarás conectando. Muchos fallan porque al conversar no conectan. En las conversaciones TODO es sobre la conexión que creas.

Ahora bien, un pequeño apunte sobre qué hacer con la información que recibes:

Cuando comienzas una conversación con alguien o con un grupo de personas tienes que tener un grado mayor de energía que la de la persona o grupo con que estás.

La clave de esto es saber que no charlas sólo con las palabras que usas, sino que hablas con tu tono de voz, con tu volumen de voz, tu tono, tus inflexiones de voz y tu lenguaje corporal. Nunca deberías iniciar una conversación con las manos en los bolsillos o sin mover las manos. Lo que se busca con este principio es que tu “robes” un poco de energía de ellos, mas no ser aplastado por la energía de la persona o el grupo al que entras. Al tener un estado energético mayor darás una impresión más dominante así como más espontánea o divertida.

Y acá viene un punto interesante por el cual los tímidos son percibidos como conversadores difíciles. El tímido generalmente suscita tres primeras impresiones:

1. Que son inseguros, por lo cual no generan valor, de acuerdo a la forma en que lo definí en mi post previo.

2. Que son muy inteligentes, lo cual hace que los interlocutores piensen “mmm… no tengo ni idea qué decirle para que no me juzgue.”

3. Que son muy serios, lo cual produce el mismo efecto anterior, sumado al siguiente pensamiento “mmm… este tipo es muy serio, será mejor que me cuide de lo que digo no sea inapropiado”.

En los tres escenarios serás aislado si no muestras una energía divertida y relajada, donde ellos se sientan libres de ser quiénes son y hablar lo que deseen hablar.

Aprende a reconocer dónde está en nivel energético de las personas. Es necesario ser preciso, una cosa es el nivel energético de las personas en un bar, en un sitio para bailar, en una biblioteca, en un salón de clases. Sólo hay que calibrarlo para que sea un poco superior al que tienen las personas en el sitio, no tienes que llegar con el nivel de energía de una discoteca a abordar a alguien en un sitio más calmado. La clave es experiencia y más experiencia, la vida real te enseñará a calibrar estos niveles.

Por hoy basta. En el próximo escrito les mostraré algunos “iniciadores” de conversación, con los cuales podremos entender algunas vías o rutas para empezar a hablar con otras personas.

Que comience la cacería!

Hasta la próxima!